“El cine según Hitchcock”

Hay libros que merecen lugar permanente en la mesita de noche, pues siempre pueden venir al dedillo en una madrugada de insomnio. Uno se los puede saber de memoria, hasta el punto de saber encontrar sin esfuerzo los pasajes preferidos (debidamente subrayados tras años vividos en compañía). Pero se da la circunstancia de que el estado medio letárgico y sonámbulo de una larga madrugada permite volver a sorprenderse con un párrafo que, en las horas de sol, podría casi recitarse de memoria.

El Hitchcock – Truffaut es uno de esos libros. Cayó por primera vez en mis manos allá por 1995. Creo que no lo leí entero ya entonces, pero sí más tarde, y lo he vuelto a leer prácticamente cada año desde 2001 o 2002 a esta parte, hasta el punto de que me resulta imposible volver a revisar las obras del genio sin recordar qué decía en el libro sobre esta o aquella secuencia.

Pero ocurre con esta joya el milagro, y es que lo agarro a las dos de la mañana, leo este párrafo de más abajo, me vuelve a sorprender y me consigo dormir con una sonrisa. Y a la mañana siguiente me sorprende mi propia sorpresa. En cualquier caso, este pasaje es puro Hitchcock: el poeta socarrón, el apocado hombre obeso que solo conoció una mujer en su vida, pero que expresaba las perversiones y pulsiones sexuales de sus personajes con precisión de cirujano. Lo que late bajo una de las escenas más románticas de la historia del cine, en Vértigo (1958):

ALFRED HITCHCOCK: (…) Hay otro aspecto (en la película) que llamaría “sexopsicológico” y es, aquí, la voluntad que anima a este hombre para recrear una imagen sexual imposible; para decirlo de una manera sencilla, este hombre quiere acostarse con una muerta; esto es necrofilia.

FRANÇOIS TRUFFAUT: Precisamente las escenas que prefiero son aquellas en las que James Stewart lleva a Judy a la modista para comprarle un traje idéntico al que llevaba Madeleine, el cuidado con que él le elige los zapatos, como un maniático….

ALFRED HITCHCOCK: Es la situación fundamental del film. Todos los esfuerzos de James Stewart para recrear la mujer, cinematográficamente son presentados como si intentara desnudarla en lugar de vestirla. Y la escena que más me interesa es cuando la muchacha vuelve después de haberse teñido de rubia. James Stewart no está completamente satisfecho, porque no se ha peinado el cabello formando un moño. ¿Qué quiere esto decir? Quiere decir que está casi desnuda ante él, pero todavía se niega a quitarse las bragas. Entonces James Stewart espera. Espera que ella vuelva desnuda esta vez, dispuesta para el amor.

François Truffaut: El cine según Hitchcock, capítulo 12

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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