Black Mirror: segunda temporada

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Por una vez, sin spoilers:

Black Mirror, la serie distópica, cruda, irónica, kamikaze y brutal de Charlie Brooker, puede gustar más o menos, pero es un hecho que hay que verla. Su segunda temporada ha confirmado lo que la primera ya apuntaba: que trasciende el por otra parte gran entretenimiento para entrar en el terreno de lo necesario. Con solo 6 capítulos en total, Brooker ya ha conseguido algo parecido a lo que (a otro nivel) David Simon logró con The Wire: convertirse en opinión autorizada del tema que trata. Tal es la lucidez y pertinencia de los guiones de Brooker que me he puesto como objetivo recuperar todas las columnas que lleva tiempo escribiendo en The Guardian para ver qué tiene que decir.

La segunda temporada se abre con el que es, creo, el mejor episodio de la serie hasta la fecha: Be Right Back es una pequeña obra maestra, un prodigio de apenas 45 minutos que nos habla, sin moralinas, de la pérdida y del dolor, pero también de lo poco que conocemos en última instancia a los seres queridos. De la idealización de la pareja perdida. De placeres inconfesables, ya sean intimidades de cama o canciones de los Bee Gees. Y, por el camino, de cómo la supuesta utilidad de muchos grandes avances tecnológicos puede acabar derivando en la de ser un mero entretenimiento para niños. También cabe el humor negro (vease el nombre del protagonista) en este portentoso y magníficamente interpretado drama.

Por desgracia Brooker sustituye la sensibilidad y el mensaje de múltiples lecturas de Be Right Back por el trazo grueso y el discurso moral brutalmente escupido al espectador en White Bear, una pieza salvaje, excesiva y exagerada. Dice Brooker que fue la ejecución sumarísima de Muamar el Gadafi, registrada y transmitida al mundo a través de varios smartphones, lo que inspiró el capítulo. El gran defecto de White Bear es que la capacidad de impacto y desazón de la realidad ya superaba en mucho a la que pretende provocar el episodio.

Todo lo contrario sucede con el magnífico broche de oro de esta segunda temporada. Acabo de ver The Waldo Moment con la boca abierta de principio a fin, abrumado por su lucidez y por la permanente sensación de estar contemplando la realidad en la que vivimos en esta era que tendrá a buen seguro un nombre. Nombre que solo conoceremos dentro de algunos años, cuando la distancia que otorga el tiempo permita evaluar la magnitud del desastre y definir el momento concreto en que todo comenzó a venirse abajo. Quiso el destino que Channel 4 estrenara el episodio la misma noche en que se conocían los resultados de las últimas elecciones italianas. Y eso es lo mejor que se puede decir de este capítulo, con mucho el más escalofriante de los tres y el que consolida a Black Mirror en el terreno de la ficción necesaria.

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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