Día 1: Mystic, Connecticut

Aeropuerto JFK => New Haven, CT => Mystic, CT

Paola (Paola es mi esposa) y yo llegamos en vuelo directo desde Madrid al aeropuerto JFK de Nueva York, donde hemos alquilado un “compact vehicle”. Viendo el tamaño del Chevrolet Cruze que nos asignan me pregunto cómo llamarán aquí a los Smart (que los hay, los hemos visto pavoneándose por calles residenciales entre coches gigantes como un niño con bici nueva).

Tráfico denso en Queens por (indican las pantallas) el US Open, que empieza dentro de dos días. América siempre por delante. Entramos en Connecticut. Paisaje poco cambiante: una red tupida de árboles abraza la autopista I-95 durante todo nuestro recorrido.

Pasamos brevemente por New Haven, cerca del campus de la Universidad de Yale. Connecticut tiene una de las rentas per cápita más altas del país, y salta a la vista. En un semáforo vemos una escena que parece tan calculada y repetida que parece ejecutada ritualmente: un hombre con un cartel: “Homeless. Please help”. Un coche de policía que se para a su lado. Los agentes bajan del vehículo y se aproximan al hombre, que los saluda, asiente con la cabeza, deja tranquilamente el cartel en el suelo y junta las manos a su espalda para recibir las esposas. Impresionante.

Llegamos a nuestro motel en Branford. Correcto y previsible: Biblia ‘gedeona’ en la mesita y televisión por cable. Salimos a cenar a Mystic, encantador pueblo en torno a un canal que desemboca en el mar, lleno de vida y de nivel de vida, y con varios restaurantes.

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Los restaurantes de pescado están atestados, y nos encontramos con Mystic Pizza, la pizzería-diner donde se desarrollaba aquella película de Julia Roberts de finales de los 20130915-130119.jpgochenta. El local vive de ello: el film se proyecta contínuamente en una pantalla, sin sonido, y varios carteles y fotos del rodaje decoran las paredes. La pizza, según la carta, tiene “una salsa secreta” (me temo que todos los diners aseguran lo mismo en su carta). Pedimos una, gigante, que más que pizza parece cheesecake de albóndigas. El concepto “masa fina” queda lejos de aquí, pero qué le vamos a hacer.

 

Vuelta a Branford. Jet lag. Sueño.

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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