Día 3: Provincetown, Massachusetts

Hyannis, MA => Provincetown, MA => Hyannis, MA

20130917-200609.jpgPrimer día en Cape Cod. El concepto “lugar turístico de playa” evoca inmediatamente en la mente española (al menos en la de los alérgicos a nuestro turismo costero tradicional, entre los que me incluyo) visiones de chanclas, cremita, “marinadors”, el patinete, el apartamento en el piso 22, el plato combinado, el coche tuneado escupiendo reggaeton y demás representaciones del averno. La primera vista del paisaje de Cape Cod aplaca estos temores: si bien es cierto que el clima no parece ideal para quien adore torrarse al sol, no se construye nada aquí por encima de los dos o tres pisos, la especulación urbanística es un concepto extraño, prima la naturaleza salvaje por encima del negocio turístico y reina un reservado, discreto, elegante y tranquilo ambiente exclusivo. Cape Cod ha sido siempre el destino estival predilecto del clan Kennedy, y estos se encargaron de proteger su chiringuito: de hecho la Cape Cod National Seashore, que comprende toda la costa oriental del cabo y cuya vista nos acompaña en el recorrido de Hyannis a Provincetown, fue declarada parque nacional y zona protegida por el propio JFK en 1961.

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La vista de Provincetown está presidida por una torre sospechosamente parecida a la del Palazzo Vecchio de Florencia. La torre es un monumento a los peregrinos de (sí) el Mayflower, y descubrimos hoy que de hecho desembarcararon aquí antes de partir a Plymou20130918-000228.jpgth. Una pena, con lo que me había gustado la piedra…. Así que Provincetown, aún pudiendo, no presume de cacho de tierra con huella de peregrino. La ciudad exhibe su orgullo de otro modo. Y es que, habitada por numerosas parejas de homosexuales, se trata de la capital gay de Cape Cod, como recuerdan la mayoría de las tiendas de la calle principal.

Provincetown es también sede de una flota ballenera muy diferente de la de las páginas de Herman Melville, que ambientó parte de Moby Dick no muy lejos de 20130918-001857.jpgaquí. La flota de Provincetown no pretende dar caza a los cetáceos, sino permitir su contemplación a los turistas. Nos embarcamos por tanto en una de estas naves, que tras hora y media larga de travesía nos permite ver ballenas en mar abierto.

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Por la tarde vuelta a Hyannis por la misma carretera, tranquila, placentera y cuya “mayor” amenaza parece ser el posible tránsito de tortugas. Un oasis de paz, Cape Cod.

Cena en la tranquila calle principal de Hyannis, que preside una estatua de JFK ante un pequeño museo dedicado a su persona. Los restaurantes que se suceden a lo largo de la calle forman un catálogo de nombres algo delirantes. Véase “The Naked Oyster”, “Pizza Barbone” (“vagabundo” en italiano) o un restaurante español llamado “Embargo”, homenaje voluntario o no a las tácticas de JFK para combatir a Fidel Castro.

Mañana seguiremos explorando el cabo. Ganas.

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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