Día 5: Martha’s Vineyard, Massachusetts

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Hyannis, MA => Martha’s Vineyard, MA => Hyannis, MA

Hoy hemos visto el paraíso, y se llama Martha’s Vineyard.

Habíamos oído de las bondades de esta isla de apenas 15.000 habitantes repartidos en 260 kilómetros cuadrados. Sabíamos que es el destino elegido por los Obama para sus vacaciones anuales, así como de varios conocidos millonarios. Esperábamos, de resultas de ello, encontrar un sobrevalorado enclave snob, el lugar perfecto para recibir la consabida invasión de turistas deseosos de codearse con la jet set, hormigas a la caza de la foto de la celebrity de turno o, en su defecto, del criado que abrillanta el Ferrari en el puerto deportivo. Y es que no acabamos de despojarnos de esas reservas, consecuencia de años de marbellismo Gil y Gil. Bastaba recordar Hyannis, Provincetown y demás para intuir que Martha’s Vineyard sería la sublimación de las bondades de Cape Cod. 20131003-001329.jpgA saber: aquí tampoco se levanta un ladrillo de más, pues el rico patrimonio natural está estrictamente protegido. Prima la discreción, el exhibicionismo es cosa de mal gusto. Pero es que, además, el tráfico rodado es muy limitado. La isla ha instaurado una drástica y efectiva barrera protectora contra el turismo de masas: dormir aquí es muy caro. Meter un coche en el ferry que te trae a la isla, también: unos 140 dólares, aproximadamente.

¿El resultado? La mayoría de los turistas dejamos el coche en Hyannis, tomamos un ferry de ida y vuelta y venimos a pasar el día visitando la isla en bicicleta. Y nos sentimos limpios y civilizados por ello. Un placer20131003-001219.jpg.

Al llegar, el dependiente de la tienda de alquiler de bicis me alegra el día: “sepa usted que aquí rodó Spielberg ‘Tiburón'”.

“La mejor película de aventuras de todos los tiempos mal que pese a muchos”, podría haber añadido. Los productores se encargaron de evitar llamar a engaño, y cambiaron el nombre de la isla en la ficción (Amity Island) para que nadie temiera volver de aquí sin media pierna, pero la película se rodó en esta isla, sí, y hay a disposición incluso mapas de las localizaciones. En una librería he encontrado también un libro editado como se debe: un enorme y completísimo volumen dedicado a los meses del rodaje, prolijamente ilustrado con fotografías de los vecinos y material más que abundante. Una joya para coleccionistas. No cabe en la maleta, pero está disponible en Amazon.

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Nuestro día en Martha’s Vineyard ha empezado en Oak Bluffs, en cuyo tranquilo puerto desembarcamos y encontramos lo más parecido al bullicio que veremos en toda la jornada. De ahí descendemos en bici a Edgartown, pequeña localidad tan encantadora, cuidada e impoluta que en un acceso de maldad me recuerda al falsamente idílico pueblo del arranque de Blue Velvet, de David Lynch.

20131003-000614.jpgPosteriormente seguimos pedaleando por la zona sur de la isla: un oasis de tranquilidad con casitas de madera desperdigadas aquí y allá junto a lagos, pantanos y jardines naturales que insinúan una calma eterna. Pasamos por un pequeño aeródromo que exhibe avionetas de coleccionista, máquinas de guerra de época. También por una tranquila playa, por una discreta calle cuya arbolada a ambos lados oculta algunas mansiones al transeúnte y por varios estanques de agua quieta, cristalina, que refleja las nubes del cielo. No hay nada específico20131003-001132.jpg digno de ver en Martha’s Vineyard, es todo el lugar el que desprende tanta paz que uno no puede sino lamentar tener que irse: tras otro par de horas de pedaleo pasamos brevemente por la playa de “Tiburón” (ocupada por apenas dos decenas de bañistas en esta última semana de agosto) y volvemos a Oak Bluffs, donde tomamos el ferry de vuelta a Hyannis.

Cenamos de nuevo en la calle principal de Hyannis, en Pizza Barbone. El local es pequeño, con una tranquilidad solo rota por una familia de italianos con dos hijos que interpreta desde su mesa la opereta social que tan a menudo nos caracteriza a los mediterráneos: bel casino, vivacidad, risas histéricas, exabruptos, chillidos, mala educación, ruido en suma. Paola (Paola es italiana)20131003-001150.jpg mira hacia abajo, como despertada de un sueño, pidiendo perdón a esta tierra y sus raíces por lo inevitable del asunto, cosa atávica e inmutable. El contraste de esta bulliciosa escena familiar con lo vivido en Martha’s Vineyard y Cape Cod los últimos días es casi doloroso.

Y es que ya lo decía el marqués de Leguineche en “Patrimonio Nacional”, de Berlanga: “Hijo mío, no te engañes: el Mediterráneo es un mar de pobres”. Catar Martha’s Vineyard durante un día para recordar, al final del mismo, que el lugar que nos corresponde está más hacia el Mediterráneo. El mundo es cruel.

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
Esta entrada fue publicada en Cuadernos de viaje, Nueva Inglaterra, Canadá, Pensilvania, Washington D.C y Nueva York y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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