Día 8: Boston

Boston, MA

Back Bay

Back Bay

Camina uno por Boston admirado, pero también a veces incapaz de contener unas risitas. Me explico: como es sabido la Cuna de la Libertad, como se conoce a la ciudad por aquí, fue escenario de todas las conspiraciones, escaramuzas y enfrentamientos que sirvieron de prólogo a la Guerra de Independencia y a la posterior fundacion de los Estados Unidos. Por eso la ciudad se disputa con Philadelphia la característica de piedra fundacional (aunque hay que romper otra orgullosa lanza por el triste pedrusco de Plymouth) de este país. Los americanos tratan Boston como una especie de Atenas, y exhiben con coquetería y poco pudor su Partenón particular: el Faneuil Hall,

Faneuil Hall

Faneuil Hall

donde Samuel Adams y otros líderes de la revolución dieron sus primeros discursos y que es uno de los principales puntos de referencia del Boston Freedom Trail, un recorrido a lo largo de toda la ciudad indicado por trozos de acera atravesados por ladrillos color rojo que permite al paseante recorrer los diferentes escenarios de los primeros enfrentamientos contra los ingleses. He comprado la guía oficial que explica la historia de los diversos lugares y nuevamente hay que reconocer la capacidad de los americanos de suplir su escasa Historia por su capacidad de contar una historia, haciendo partícipes a todos los ciudadanos del relato para que lo transmitan a las nuevas generaciones. El resultado es que son más los americanos que conocen la modesta cabalgada nocturna de Paul Revere que los europeos familiarizados con la mítica carrera del mensajero de la batalla de Maratón. Uno no puede sino contener la risa cuando lee en la guía cosas como “observe ahora a su derecha: ¡en este lugar estuvo la casa del hermano de Benjamin Franklin!” (¿a quién coño le importa el hermano de Benjamin Franklin?), pero el respeto sucede a la risa cuando se constata una vez más el increíble mimo y la apasionada voluntad divulgativa con los que los americanos tratan los hechos de su breve historia.

Foto 3Por lo demás Boston es una ciudad más que agradable, aunque uno sigue echando de menos Cape Cod, qué le vamos a hacer. Back Bay, al oeste del parque principal de la ciudad, es un elegantísimo y encantador barrio por el que darse una vuelta y soñar con casas de precios prohibitivos: una especie de Village neoyorquino más tranquilo y recogido. En cuanto al North End, el barrio que históricamente acogió a las oleadas de inmigrantes que forjaron el carácter de la ciudad (irlandeses e italianos principalmente) habíamos leído que ha perdido parte de su autenticidad y que se había convertido en un Little Italy de mentirijillas, como el de Manhattan, pero Paola asegura haberse encontrado aquí con el mejor risotto ai frutti di mare que han conocido sus días. Una célebre pastelería del barrio (Mike’s Pastry), exhibe una permanente cola de turistas que vienen a catar sus célebres cannoli: los hemos probado, y hay que decir que tienen más de americanos que de sicilianos, pues en ellos la nata hipercalórica americana se hace fuerte ante la ricotta, pero siguen estando bien.

Como en toda gran ciudad americana, en Boston la mitomanía también está al servicio de quien la busca: junto al Faneuil Hall y el Quincy Market una placa en el suelo homenajea al gran Larry Bird, como no puede ser menos. El bar de Cheers está, sí, existe y es el que se usaba en la serie como toma de exteriores para los famosos títulos iniciales y las cortinillas entre escena y escena, con su inconfundible toldo y las escaleras que bajan hacia la puerta del local. Por desgracia ahí se termina lo verdadero: la serie, como todas las sitcoms de la época, se rodaba en un estudio, presumiblemente en Hollywood: quiere eso decir que el interior del bar se parece poco o nada, y de hecho es una peligrosa trampa para turistas desprevenidos. A los precios del menú me remito. Hemos entrado y nos hemos ido, vaya.

De hecho si algo malo tiene Boston son sus precios, empezando por los hoteles: son asombrosamente caros en esta temporada. Hemos dormido en un motel de las afueras. ¿Querías autenticidad? Toma dos tazas: hemos catado moteles encantadores en estos viajes, pero el de Boston ha sido demasiado auténtico, qué quieren que les diga: un antro atestado de personajes de dudoso pelaje, tipos con pinta de drogadictos y parejas con aire de estar ahí escondiéndose para poder pecaminar con ansia a espaldas del sacramento matrimonial. Eso explica los extraños ruidos provenientes de las habitaciones vecinas, supongo. Un lugar bastante sórdido, la verdad, y para colmo me ha tocado hacer colada aquí, sacando los calzoncillos de la lavadora rodeado de tipos que bebían cerveza a las ocho de la mañana. Un placer, oiga. ¿¿¿Cape Cod, por qué nos has abandonado???

Foto 4

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Acerca de lamarmotaphil

Iker Zabala, ingeniero de telecomunicaciones, aficionado al cine, la música y la literatura y colaborador de la revista Jot Down. Me puse muy estupendo con los amigos, denostando con mucha suficiencia Twitter y otras "redes sociales" y jurando que jamás me abriría una cuenta ahí. He creado este blog para disimular y vencer el mono.
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